miércoles, 7 de enero de 2015

FRANCISCO Y EL SUEÑO DEL CARDENAL MARTINI

La sombra que proyectaba la imponente estampa del todavía llorado Juan Pablo II, parecía opacar el cónclave en que sería elegido su sucesor. El 18 de abril de 2005, un septuagenario Ratzinger, en su carácter de cardenal decano, presidió la Misa Pro Eligendo Summo Pontifice. Muchos medios tomaron la homilía como un acto de autopromoción. No conocieron al teólogo alemán, nunca lo hicieron. Ratzinger no fue un hombre de poder, todo lo contrario, sin embargo,  ansiando un pacífico retiro, su profundo sentido de responsabilidad le llevó a decir unas palabras, muy a su estilo, es decir, precisas y oportunas:

“¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!... La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos.”[1]




Así, al día siguiente y contra el viejo adagio que dice Chi in conclave entra papa esce cardinale,[2] bastaron cuatro escrutinios para que Ratzinger fuera elegido papa. En septiembre de ese año, ya se conocían algunos secretos del cónclave, destacando que el runner up era nada menos que el cardenal arzobispo de Buenos Aires:

“El cónclave que convirtió a Joseph Ratzinger en Benedicto XVI no se desarrolló como se pensó en su momento. La principal alternativa a Ratzinger no fue el cardenal jesuita Carlo Maria Martini, sino otro jesuita, el argentino Jorge Mario Bergoglio, quien finalmente se atemorizó y renunció. Es uno de los datos hasta ahora desconocidos sobre la transición en el Vaticano.”[3]

8 años después, en el mismo diario se publicaría una nota inusual, excepto para quienes gozaban de una buena memoria:

“Un papa que sonríe, que da las buenas tardes, que hace una broma apenas unos minutos después de recibir sobre sus hombros el peso entero de una Iglesia lastimada, que pide la bendición antes de darla, que es jesuita como tantos otros que consiguieron hacer caminar de la mano la fe y el conocimiento, que vivía en un apartamento en vez de en un palacio cardenalicio y se montaba en el transporte público para ir a confortar a los enfermos y a los pobres, un papa que hace ocho años pudo serlo y dijo que pase de mí este cáliz, un papa que viene del nuevo mundo, que tiene cara de buena persona y que elige el sencillo nombre de Francisco es una oportunidad a la esperanza.”[4]

En efecto, Bergoglio ahora comenzaba su reinado, no obstante la sencillez de sus formas y que, como lo hiciera Juan Pablo II en octubre de 1978, se ostentase como vescovo di Roma. En su momento, el polaco Wojtila lo hizo así, buscando la cercanía de los romanos, pues desde 1522, no había llegado al papado un cardenal no italiano. El otrora arzobispo de Buenos Aires inició su pontificado con más gestos que palabras, y al referirse a su investidura sólo como la del Obispo de Roma, implicaba algo más que un giro en las formas. Por ejemplo, incluso hoy día, firma sus documentos sólo con el nombre que adquirió, el de Francisco. No emplea la PP, es decir, el título de papa, abreviatura de pater patruum (padre principal).  Aquél atardecer del 13 de marzo de 2013, saludó con unas palabras familiares, pidiendo oraciones para su antecesor, y una bendición para su persona. En la loggia de la Basílica de San Pedro, apareció con la sotana blanca, pero sin usar la muceta, o sin el palio-estolón.  Al día siguiente, los fotógrafos de diversos medios, se fascinarían con el calzado de Francisco: un par de zapatos negros ortopédicos y desgastados, iniciando así una serie de comparaciones con la vestimenta y formas de su antecesor. Había iniciado la narrativa de un papado diferente a los anteriores 35 años.

“La Iglesia está cansada, en Europa y en América. Nuestras iglesias son grandes, nuestros conventos están vacíos y la burocracia de la Iglesia aumenta. Nuestros rituales y nuestra ropa son pomposos. ¿Expresan estas cosas lo que somos hoy día?”[5]




Estas palabras no pertenecen a Francisco, sino al cardenal Carlo Maria Martini, quien fuese la voz más importante de ciertas actitudes progresistas que clamaban por una Iglesia dialogante. En su primer Triduo Pascual, Francisco dijo en la homilía de la Misa crismal:

“De la belleza de lo litúrgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos ahora a fijarnos en la acción. El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias». El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón.”[6]

En esa misma misa, Francisco, contra las rúbricas, había lavado los pies a dos mujeres jóvenes, una de ellas musulmana. Gestos que acompañaron a otras palabras de la homilía:

“Los mismos discípulos –futuros sacerdotes– todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto.

Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada.”[7]





Había comenzado un magisterio diferente, que desde la primera semana había quedado dibujado con una frase de enorme hondura: “Cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres.”[8]

Una frase que apela a la memoria, pues nada menos que el Cardenal Martini escribió en sus Coloquios nocturnos en Jerusalén:

“Hace tiempo yo soñaba con una Iglesia que siguiera su camino en la pobreza y la humildad, una Iglesia independiente de los poderes de este mundo (…) Una Iglesia en la que hubiera espacio para las personas con mentalidades más abiertas.”

En 2005, Bergoglio fue considerado como la alternativa a un Martini enfermo y cansado. Sin embargo, predominó la continuidad con la postura conservadora de Juan Pablo II. 8 años después, los cardenales electores se decantaron por hacer realidad el sueño de Martini, como bien lo ha descrito Sandro Magister:

“A siete meses de la elección como Papa de Jorge Mario Bergoglio, las interpretaciones de este inicio de pontificado son contradictorias.

Los juicios más positivos en el interior de la Iglesia, si no entusiastas, sobre las primeras acciones del papa Francisco provienen de los partidarios del cardenal que representó durante años, con gran competencia y amplio consenso, la línea alternativa más clara a los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Ese cardenal era Carlo Maria Martini, jesuita, ex rector del Pontificio Instituto Bíblico, arzobispo de Milán desde 1979 hasta el 2002, fallecido el 31 de agosto del 2012, luego de haber dejado sus consignas en una entrevista también muy crítica, publicada inmediatamente después de su muerte como su "testamento espiritual":”[9]

Del cardenal Martini también se decía que “(…) es visto en amplios sectores como la última gran voz progresista de la Iglesia, la contrafigura de Joseph Ratzinger, su rival en la elección papal.”[10] ¿Acaso una voz semejante ha llegado a la Cátedra de Pedro?




[1] MISA "PRO ELIGENDO PONTIFICE" HOMILÍA DEL CARDENAL JOSEPH RATZINGER DECANO DEL COLEGIO CARDENALICIO, Lunes 18 de abril de 2005, en:
http://www.vatican.va/gpII/documents/homily-pro-eligendo-pontifice_20050418_sp.html
[2]  Quien en el Cónclave entra papa, sale cardenal
[3]GONZÁLEZ, Enric, “El argentino que pudo ser Papa y otros secretos” publicado el 29 de septiembre de 2005, diario El País de Madrid, en:
 http://elpais.com/diario/2005/09/24/sociedad/1127512804_850215.html
[4] ORDÁZ, Pablo, “El papa es el argentino Jorge Bergoglio”, publicado el 14 de marzo de 2013 en el diaro El País de Madrid, en:
http://internacional.elpais.com/internacional/2013/03/12/actualidad/1363097315_964961.html
[5] ORDÁZ, Pablo, “El Papa que no pudo ser”, publicado el 7 de septiembre de 2012 en el diario El País de Madrid, en:
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/09/07/actualidad/1347041084_410858.html
[6] HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO, Basílica Vaticana, Jueves Santo 28 de marzo de 2013, en
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130328_messa-crismale.html
[7] Idem.
[8] Ordáz, Pablo, “El papa Francisco: Cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres” publicado el 16 de marzo de 2013 en el diario El País de Madrid, en:
[9] MAGISTER, Sandro, “Martini Papa. El sueño convertido en realidad” en:
[10] GALÁN, Lola, “El cardenal que se atreve a pensar” publicado el 13 de julio de 2008 en el diario El País de Madrid, en: